jueves, 10 de noviembre de 2011

Estrellas

"Inmensidad", "infinitud", "eternidad". Conceptos tan grandes que jamás podrán ser concebidos por la mente humana y, sin embargo, cuando uno ve las estrellas, no piensa en otra cosa...
Las Estrellas. Pequeños luceros perdido en un mar de oscuridad que guían al viajero, que iluminan a los enamorados las noches que la Luna no quiere salir.
Las Estrellas. Luciérnagas perdidas en la inmensidad del todo, de la nada, que no muestran sino la naturaleza en su estado más salvaje e indómito.
Las Estrellas. Las almas de la gente a la que una vez quisimos, que velan por nosotros y nos deleitan con su suave iluminar.
Las Estrellas. Indicios de lo pequeña y frágil que es la vida.
Las Estrellas. Razones para amar; para amar la creación. Razones para levantarse por la mañana. Razones para creer en los milagros; para creer que la vida en sí es un hecho milagroso.
Las Estrellas. Tantas cosas y simplemente, estrellas.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Otoño

Frío en las puntas de los dedos. Días grises y si hay suerte, ligeramente lluviosos. El suave ronroneo de unas hojas lamidas por el viento cuya gama de colores va del rojo intenso al amarillo, pasando por el ocre y el miel. El silencio perteneciente al piar de unos pájaros que han enmudecido. OTOÑO.
Caminar con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha, ver caer en un caótico baile las hojas, ya fenecidas.
Salir por la mañana y ver que no ha amanecido.
Castañas asadas, mazorcas de maíz, mantas en el salón y sonrisas al dormir, mientras el granizo te arrulla y te canta una nana al oído.
Es tiempo de cambio, de que la exuberante vegetación envejezca, muera, para poder renacer algún día.
Es tiempo de disfrutar, de darse cuenta de lo efímera que es la vida, de aprovechar las oportunidades.
Es tiempo de pasear, de pensar, de reflexionar.
El otoño es tiempo para ti.

jueves, 4 de marzo de 2010

FIN DE LA TEMPORADA

Bueno, esta temporada acabó... hasta pronto!!

pero no os preocupeis los que me leáis, volvere dentro de poco

miércoles, 24 de febrero de 2010

El espejo 3

Pablo estuvo una semana pensando en lo que había pasado en la vieja mansión largo y tendido. Al octavo día, Pablo volvió a la mansión. Saltó la valla sin problemas, ya que en estos cuatro años había adelgazado mucho y estaba incluso fuerte. Entró por la puerta, que había reparado. De hecho, durante sus largas visitas había ido limpiando la mansión poco a poco, había puesto de nuevo la puerta, había limpiado los cristales, había barrido, y ahora la mansión no estaba nada mal. Subió las escaleras que tan bien conocía y llegó a la sala del espejo. Por primera vez desde que llegó a esa sala, se fijó en los libros. Había algo diferente en ellos, pero no alcanzaba a adivinar que era. Se pasó por las paredes, cubiertas de libros y fue ojeando los que tenía al alcance de su vista uno a uno. Pero hubo uno que le llamó la atención de manera especial. Era el libro de Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, el malleus malificarum, el martillo de las brujas, ese libro del que Pablo había oído tanto hablar. Era un ejemplar que parecía en perfectas condiciones. Fue a cojerlo y, justo cuando tenía la mitad fuera, el libro se atascó. "¿Atascado?" pensó Pablo. "¿Cómo puede estar un libro atascado?". Empezó a tirar de él y, de pronto, sonó el mismo ruido que el de los cristales al romperse que produjo el anciano al chocar con el cristal, pero más amortiguado, como si viniera de detrás de la pared. Sin previo aviso, Pablo se encontró dando vueltas, y cuando se recobró del mareo, se dio cuenta de que estaba atravesando la estantería.

miércoles, 17 de febrero de 2010

El espejo. 2

Así que cumplió su juramento durante cuatro largos años. Cada día, después del colegio, todos los días, iba a esa mansión abandonada donde se encontraba aquel misterioso espejo. Lo observaba durante horas, y cada vez que lo veía se fijaba en algún nuevo detalle, mejor que último, más bello e impresionante. Pero al cuarto año, cuando estaba en segundo de bachillerato, hacia mediados de invierno, llegó a la mansión y vio huellas que no eran de sus zapatos. Al llegar a la sala del espejo, como la había bautizado él, se encontró con un anciano que parecía tener más años que el universo mismo mesándose las barbas y con los ojos cerrados. Se acercó al anciano, que parecía dormido, pero cuando estaba a apenas dos centímetros, este abrió los ojos y Pablo se encontró con la oscuridad del vacío. Dos enormes bolas de color negro dirigían la vista en su dirección. Una voz cavernosa y gutural surgió de alguna parte del cuerpo del anciano:


-¡Aléjate de este espejo! Te lo advierto, no te acerques o te mataré.- El anciano, después de decir estas palabras, se desmayó; pero a los dos segundos se recobró, solo que esta vez tenía los ojos blancos como la nieve el primer día del invierno, de su boca salió una dulce voz de tono amable, como la de un niño, que le dijo:

-No le hagas caso. ¡Ayúdame! Vive el espejo y líbrame a mí y al mundo de mi hermano.- Esta vez, el anciano se puso de pie y se dirigió corriendo al espejo. Al chocar el anciano contra el espejo, se oyó el ruido del cristal al romperse, pero, para sorpresa de Pablo, el cristal estaba intacto y el anciano había desaparecido."¿Cómo habrá hecho eso?" pensó Pablo aún conmocionado. " Tenía dos pares de ojos, dos voces, y ha atravesado un cristal desapareciendo y sin romperlo. Si no lo hubiera visto no me lo creería". Pablo se acercó al espejo y, con la mano temblorosa, tocó la superficie reflejante. No pasó nada. El cristal estaba frío, pero era sólido. "¿Qué habrá querido decir el viejo ese?" pensó mientras se alejaba lo más rápido posible de aquel sitio.

Pablo se acordó al llegar a su casa; aquel día hacía cuatro años que llegó a la mansión por primera vez.

lunes, 15 de febrero de 2010

El espejo

¿Por qué Pablo había tenido que perder la apuesta? con la de gente que había participado, y va y le toca a él. Estupendo. Ahora tendría que cruzar la verja con pinchos oxidados y adentrarse en la mansión abandonada. Genial; como si lo primero no fuera ya suficiente. Con gran esfuerzo consigue pasar, ya que es "ancho de huesos". Con portantillo se acerca a la vieja puerta, la cual se había salido de sus goznes. Le da una patada, y la puerta se vence debido a que la madera está podrida por culpa de la humendad y las termitas. "Puaj" pensó Pablo cuando vió un montón de pequeños bichitos salir de entre los trozos de puerta que habían quedado desperdigados por el vestíbulo. Despacio se adentra en la lúgubre casa mientras olle los murmullos de sus amigos detrás de la verja. Afortunados. Afortunados y cobardes. A ver quién era el valiente que iba a hacer compañía a un gordo a una mansión abandonada a las ocho de la noche en pleno invierno.

Mientras avanzaba oía los crujidos del suelo al pasar sus rechonchitos pies por el, y daba un pequeño brinco cada vez que veía su propia sombra proyectada por una farola hacia la pared y el suelo de la casa. Fue subiendo las escaleras, y, a medida que avanzaba, lo hacía con más soltura, ya que iba perdiéndole el miedo a la situación. " Que estás en segundo, joder" pensaba pablo, muy convencido.

Al llegar al segundo piso, fua hasta el fondo del pasillo y abrió una puerta. Curiosamente, esta parecía en mucho mejor estado que la de fuera." Que extraño" penso Pablo ; "debe ser que aquí no hay tanta humedad". Abrió la puerta y se dispuso a entrar.

Al abrir la puerta encontró una gran sala llena de estanterías por las paredes, mas el suelo de la sala, de mármol pulido, estaba limpio y bien cuidado, y solo había un objeto en toda la sala que estuviera propiamente en el suelo; un espejo del un metro ochenta, aproximadamente, con el marco de madera color cobre adornado cuidadosamente con preciosos grabados en bajo y altorelieve. Pablo, fascinado por aquel espejo, no podía pensar en otra cosa que en las historias que narraban los relieves del marco. Se acercó cada vez más al espejo, con la esperanza de ver más historias. Dragones y princesas; príncipes y brujos; pero también enamorados imposibles, ladrones de sueños, y amistades eternas... Pablo se sintió sobre cogido por la belleza de aquellos grabados, ya que ea difícil no sentirse así viendo tan estupendas historias. Quiso quedarse allí para siempre, no dejar nunca de ver aquellas imágenes que le habían hecho viajar a mundos fantásticos, pero tenía que irse. Ya eran cerca de las diez. Aun llorando, se alejó del espejo, jurándose a sí mismo que iría allí todos los días, no sabía muy bien porque. Lo que tampoco sabía, era que estaba destinado a algo mucho más importante que ir todos los días a ver ese magnífico espejo.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Lloro

Voy a burlar las leyes de este mi blog para poner esta meditación que estuve masticando ayer en la cama. Interpretarlo como queráis.
Lloro.Lloro la ausencia de alguien a quién no conozco, alguien a quién temo no conocer. La pérdida de ese alguien y el hecho de si alguna vez existirá. Lloro, porque veo, y quiero, pero no puedo. Desearía poder y me aterrorizaría no hacerlo. Hecho de menos a ese alguien las noches frías, si le conocí y ya no está aquí. Lloro por dentro y por fuera. Cada parte de mi ser llora y anhela querer, pero arde en tristeza al no encontrar a nadie a quién. Mi peor temor es ¿Te encontraré? ¿Tu también lloras mi ausencia? Ojalá no tardes. Te quiero, si de verdad estás ahí, ven, por favor. ¿Cómo explicarlo? Sin tí estoy vacío y tengo la sensación de que siempre lo estaré. Lloro porque creo que siempre estaré solo, y solo tengo quince años. Me entran escalofríos cuando pienso en no tenerte, y no me apetece vivir. ¿Es posible estar enamorado de alguien a quién no conoces? Lloro por TÍ.

jueves, 3 de diciembre de 2009

La vida

El 14 de abril del año 2020. Suena el despertador. Son las 9 A.m.… y no quiero despertarme, no quiero, pero debo hacerlo. Me levanto lentamente, sin prisa pero sin pausa. Me lavo, visto, desayuno… en fin, todo lo que se hace por las mañanas. Salgo y me meto en el coche. Arranco. Salgo del garaje y blasfemo. Hay tráfico. Coches de todo tipo: Altos, negros, gordos, flacos… pero todos con 4 ruedas y un tubo de escape. El tráfico solo ayuda a que me hunda más en mi pozo de amargura. Llego al trabajo media hora tarde, me siento en mi oficina de 3 paredes y a los 5 minutos llega mi jefe. Me echa la bronca, pero no discuto con él, estoy cansado de decirle que había tráfico, y que el me diga que no le importa, que las viejas no van a sacarse la pensión solas. Exacto, ese es mi trabajo, creo pensiones y seguros a gente, sobre todo pensiones a ancianas. Acabo el trabajo a las 6 P.m., pero llego tarde a casa. Por culpa del tráfico, como no. Estoy cansado de la vida. Cuando tenía seis años soñaba que, en el futuro, habría coches voladores y demás estupideces banales que no hacen sino empobrecer el alma de la gente. No me gusta la rutina, pero llevo con ella a cuestas 20 años. Lo tengo decidido, mañana será un día diferente, especial. Mañana acabará. TODO.

El papelito

Iba Walter una mañana por la abarrotada Wall street leyendo el Times y desayunando un café de Starbucks apresuradamente mientras intentaba no llegar tarde a su trabajo de diez horas diarias que no le dejaba tiempo para estar con su familia y le pillaba a cinco manzanas de casa, pero en Nueva York, cinco manzanas es mucho. Cuando acabó de leer el periódico, lo metió en su cartera. Iba poco menos que corriendo cuando, de repente, un papelito que estaba suspendido en el aire probablemente por una corriente de esas que salen del suelo debido al metro, se le plantó delante de la cara y se quedó ahí, revoloteando, como si esperara que Walter lo cogiera. El caso es que lo hizo, Estaba muy arrugado, pero contenía unas frases que parecían legibles. Y decía el papelito con letra muy pequeña y apretujada:
" No se cómo te llamas, ni siquiera se si existes. Yo me llamaba Catherine, y vivía en el bloque de apartamentos Standford, sabes cuales son, ¿no? Son de los más lujosos de toda Nueva York. Cobraba mucho, y tenía todo lo que quería, pero no era feliz. ¿Por qué? te preguntarás. Porque yo tenía una hermana, una hermana que vivía en el metro, y que apenas tenía para comer. Yo, era una persona con muchas influencias, y ella no era buena para mi imagen. Cuando tuvo el hijo a los dieciséis años, dejé de hablarla. No me he arrepentido tanto de algo en mi vida. Ahora ella está muerta, y yo también. No se qué pensarás de mí, pero no tenía a nadie en mi vida a quién contárselo."
Walter, pensando que era obra de una lunática, no hizo menos que romperlo en cachitos y tirarlo, no sin antes derramar ( sin querer, porque él nunca desperdicia el café) unas gotas de café sobre él. Lo tiró a la papelera más cercana, y, cuandó hubo avanzado unos diez metros, otro papelito, similar al anterior, volvió a aparecer delante de él. Lo volvió a coger y al abrirlo por su cara se pudieron ver, durante una fracción de segundo, la sorpresa y el susto a la vez. EL texto parecía el mismo, hasta tal punto que tenía las mismas manchas de café que el que había tirado escasos segundos a la papelera. Volvió a leer la carta, y la releyó. Cuando hubo entendido la carta, y el mensaje, muy lentamente, se fué dando la vuelta y caminó, lo más deprisa que pudo, rumbo a su casa de nuevo, con el papel en la mano, dispuesto a llamar a su hermano, cocainómano.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Duro Amor (parte I)

Por qué el amor? El peor de los sentimientos, y a la vez, como una cruel ironía, el mejor de todos ellos. Si es correspondido sientes que nada puede ir mal, que todo es felicidad, que, con tal de estar al lado de la persona a la que amas, da igual que haya caos a tu alrededor. Mas, sin embargo, si no es correspondido, te sumerges en una espiral de tristeza y angustia de la cual quieres escapar pero no puedes, y quieres que todo acabe, poco tiene ya sentido en esta vida...